
Sentados como condenados a la vida, de todos los colores del arcoiris viajaban sin saber a donde, confundidos por que las noticias de los diarios les encadenaban sus ojos listo para el precipicio.
Ahi viajaba en un mezcla del blanco y negro de las teclas y el rechinar de los rieles, junto con el silencio, ese pasajero más importante.
Se miran y no se entienden, son reacios a las moscas que no vuelan y se enojan cuando el estallido de un bebé los rompe. Con barba, con el perfume del cielo cubierto, con las piernas más largas y las sonrisas más tristes, con esos maletines llenos falsedades que esquivan al mar y a la playa; con la carga de tener que vivir, con la pena de ser lo que no quisieron y extrañar aquellos dias en los que jugaban a la rayuela.
De repente se abre la puerta y sube el viento, expuseto al encierro y lleno de lágrimas porque siguen sin hablar. A lo único que atiné fue a ver es que vos no subiste, sin saber si habías sido víctima de la salida de emergencia o las escaleras te había marcado la el camino al cielo.
El silencio se tradujo en más silencio y las ruedas hicieron eco en mis adentros que habían almorzado el antídoto de la música.
Corren como vomitando, no se percatan de la melodía de la seducción y solo piensan en el vértigo de esa farsa creada noche y día.
Pero ahí mismo te ví, cuando el sol me comía los ojos, cuando yo subía y vos bajabas con el pecado a cuestas de no habernos conocido.
2 comentarios:
Me gusta mucho tu blog! Buen trabajo! :)
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