martes, 26 de junio de 2007

LUZ


No se para donde voy, pero lo que si se, es que una estrella me iluminó este fin de semana.
No sabía que iba hacer, pero una estrella me acompañó a subirme al barco.
No sabía como volver, hasta que me iluminó el camino de vuelta.
Nunca imaginé ese camino, pero la vida me lo empieza a señalar con el dedo.
Cuando muero en el teléfono, el miedo suena de nuevo. Recuerdo aquellos días en los que la Plaza Mayor se transformó en el coro de las palomas grises que cantaban un adiós menor y el cielo se rompía en mis venas.
Pero un día una estrella me iluminó y ví como mis miedos se tropezaban con mi fuerza a la vuelta de la esquina. Y ví como mis ganas derrotaban por puntos a las malas caras. Ví la Puerta del Sol marcando la hora que nunca llega.
Pero un día una estrella mi iluminó y bajó de la lluvia.
Bajó de la lluvia para mojarme el desierto con ilusiones renovadas. Bajó de la lluvia para mostrarme porque es mejor olvidarse el paraguas en casa. Bajó de la lluvia para que con el tiempo entienda que la culpa no la tiene Madrid, ni siquiera el viento. Bajó de la lluvia porque acaricia las calles que camino y las paredes a las que me abrazo.
Porque un día esa estrella me acarició y me invitó a hacer camino. Me invitó a los pasos que no imagino, pero que caminan y que buscan hacer caminos.
Lo que si se, es que una estrella me iluminó este fin de semana.

Pa!, Tigre es de primera!



Extra! extra! ¡Hay festejo en el cielo señores! extra!extra!, el MATADOR DE VICTORIA SUBIÓ AL CIELO DE LA PRIMERA DIVISIÓN!... y con ese titular sirvieron el mate cocido de la abuela y las lanchas con manteca bien calentitas y crujientes!

_Nene!, comé despacio!-, sonó desde la cocina, mientras el pequeño patucito huntaba con mermelada y manteca el pan que su madre había tostado.

_Somos de primera cachuflito! -le decía Don Ra a su pequeño remador de sueños que se deleitaba en la mesa-.

Tigre acababa de ascender a la primera división del fútbol argentino y padre e hijo se preparaban para ir a festejar a la Avenida Centenario.

Desde Victoria hasta Tigre, era todo de color azul y rojo. Llovían papeles, bufandas que bailaban al viento y lágrimas de emoción de quienes no podían decir presente aunque estuviesen en la piel de los hinchas.

En otro lugar del universo, en el cielo, se gestaba el mayor festejo con mate cocido y pan con manteca de la historia, de pascualina con puntilla y de pastel de carne. Dios, con su camiseta puesta, pidió permiso al abrir la puerta y ellos se lo concedieron para estar todo juntos.

Tenían que abrazarse en este momento deportivo tan significativo.

Tenían que estar juntos.


Desde aquel partido en cancha de Tigre, que enfrentó al Matador de Victoria contra Atlanta hace más de 15 años, -el que presencie junto a mi hermano, mi viejo y mi abuelo, Don Ra,- comenzó mi simpatía por Tigre.

Este es mi pequeño homenaje para el equipo que hoy me lleva a mi viejo, a mi abuelo y a mi abuela, a San Fernando, pegadito a las vías del tren, aquel tren despojado de vigas, exiliado de trenes y de durmientes nactámbulos.

Hoy Tigre me hace saborear la pascualina con puntillas de mi abuela y un bandoneón entonando desde el fondo. El carrito en el patio, la arenga para que César toque la guitarra y el estar en brazos del Hetitor.

A su salud!, estamos otra vez en primera!


lunes, 25 de junio de 2007

Mi Buenos Aires Querido "MBAQ"



Ahora si!, vamos a salir campeones, porque Bianchi nos va a llevar de vacaciones a Japón; Riquelme, va a ser la gambeta del bache que interrumpe el carro del cartonero y Rafa, secretario de seguridad porteña.

Que memoria tenemos para acordarnos del NUNCA MÁS y del museo de la memoria y olvidarnos que ellos fueron los que colgaron los cuadros y cargaron los rifles del genocidio.

Las autopartes que van y vienen, el relax que da un baño turco (por no decir con el turco) y el reestablecimiento del orden de los recolectores no oficiales de basura...pobre de ellos...¿a donde tendrán que exiliarse? ¿a que estación irá el tren de su entereza? Si ya les pesa tener que revolver sus sueños en la basura que duerme en las noches. ¿a donde irán los carruajes de supuestos pecadores? ¡NO ME ROBEN MI BASURA SEÑORES!

El Buenos Aires querido de Carlos Gardel, el del recolector oficial de basura, el indemnizado por la quiebra de Sevel, el que se cubre con viento cuando tiene que dormir bajo un árbol, el gran Correo Argentino y Flavia estuvo de fiesta, con el señor televisor.
Eso si que es PRO.

Así somos, argentinos.

viernes, 22 de junio de 2007

A Pedro y Sonia

Soy papel y sonrío cuando me recorren de cuerpo entero
Soy blanco, para que la pluma me haga cosquillas de colores
Soy suave para que me acaricien con palabras y
acojo a las flores para que se dibujen en sus labios.

Soy papel y me llueven lágrimas de despedida
Soy papel y me escriben la mirada del mendigo
Soy el blanco que decora un poema
Y el olor sepia de los libros

Soy el perfume de una mujer
Mi cuerpo tiene ese lugar al que nunca fuiste
Soy la carta que nunca enviaron
Soy el amor que nunca se dijo

Mi pureza incita a que rompa mi silencio
Y usted con su alma de Quijote va a pelear contra los molinos

Gracias a ustedes por darme vida

El Papel.

Magdalena


"... con lo que me gusta la lluvia, dejaste que la lluvia destiña mi témpera con lo que me gustan esos grises, me perdí entre nubes que lloran y entre grises que amanecen,

con lo que me gustan los cielos tristes, te dibujaste como lágrimas en mis sueños,

con lo que me gusta que me mojen, me ahogaste en esos brazos que nunca se cerraron,

y no te niego un te quiero porque te quiero, no amarres miedos en tu garganta,no confundas el color de mi ojos, se secaron al no escucharte,

no quiero tristes adoquines , quiero camino en mis nubes,prefiero velas que bailan al viento y puertos por descubrir,

voy cantar lo que no cantamos, voy a viajar lo que me falta y seguiré soñando los sueños que un día despertaste en mi almohada,

tan lejos de mi arribo y tan cerca de mi partida,

no quiero el temor de un músico, quiero acordes en las plazas, en las calles, en los parques, soy botella que se anima al suicidio al mar y desafino para afinarme,

me lastimaste con esas heridas que duermen, pero mis venas solo expulsaron lunas,

me castigaste al exilio, porque sabes que no quiero pasaportes sellados, quiero balcones de mareas, y despierto en siestas eternas,

porque no fracasé al pintar las luces de tus soles, aunque se borren con el agua,

porque no tortura olvidarte, me alegra recordarte,

me creó la pluma y la tienta, ya no necesito tu secante,

no le temo al fracaso, volví a amar,

no quiero nieve en mis calles, busco arena entre mis dedos, porque quiero embrigarme en lo que me falta, y no quiero que me ahogues en los miedos, me diste canciones en tu cuerpo, busqué rutas rendidas ante nuestros zapatos,

ya no quiero amores construidos de cenizas, ví los palacios de tus ventanas, hubo un pincel que marcó hasta las sombras de lo oscuro y que nos hizo invisibles ante la luz, voy recordarlos, pero busco seguir creando...

perfumamos nuestros jardines,

aunque hoy restemos en rosas y jazmines..."

El Vagón de los Sueños


Se abre la puerta del vagón de los sueños
y se lleva esa sonrisa que cuesta una eterna condena.
Se lleva los ojos que desvisten mares de tristezas
Y tiñe el agua de mis cielos cansados de caminar el llanto.

Aquella sonrisa que negó los pasos en su boca,
pero cansada de aburrimiento saltó la sombra del vecino.
Sobre esos durmientes que quieren revelarse de grises vagones
pero que se alegran cuando algunos quijotes asaltan estaciones.

El vagón de los sueños nos da el sol que une mi música a su poesía en la mañana,
y nos llega en los labios que besan el fin semana,
cuando las agujas apuran los rieles
y las ruedas frenan el viento que acaricia.

Me alcanza juguetes para decorar sueños
y da motivos para seguir el viaje entre algodones.
Acaricia el dolor intenso
y abre mi caja más eterna.

El vagón de los sueños se lleva el sonido de la puerta que nunca suena
pero que apasiona que algún día le de un respiro al silencio.
Se muere el desencuentro al nacer otro encuentro
y nos escribe esa mirada que quizá ya no vuelva a hablar.

Desde ese banco que algún día me hizo sonreír de belleza y romper la monotonía de mis espacios,
hacia las escaleras que subieron para perderse hasta la próxima parada.

El Mar de Madrid


Dicen que no hay, pero existe. El viento que viene en busca de la arena y se va silbando bajito al no encontrarla. Sucede que muy bien se esconde bajo los pies de quienes sueñan y se animan a tocarla.
Acá no se ven olas, pero curiosamente esta ciudad la habitan algunos surfistas de ilusiones y de canciones, las velas de los barcos que inventamos y la sal de nuestras lágrimas.
El mar de las mañanas, el mar de la chica que se arregla el pelo bronceándose en el andén, la sonrisa que se dibuja en el mar de música que regalan los músicos de la calle Preciados o el mar pardo que descansa en su cuna por las noches.
Vamos dejando huellas en la arena aunque muchos no se den cuenta, la luna que se peina en este mar y el sol que pide turno para la mañana siguiente y así darle color.
Voy a contarles una confidencia. Un día casi me ahogo en el mar.
Era muy chico por entonces, y decidí faltarle el respeto. En ese momento, las olas me abrazaron y me pidieron que aprenda a caminar sobre el agua, que sienta así la textura de su piel, que aprenda a jugar. Escupí miedo por mi boca, respiré del aire que se me negaba y cuando abrí los ojos se suicidaron las gotas que encierran tanto dolor como en este momento.
A partir de ese día, veo el mar en todos lados. En ellas, en sus ojos, en sus cabellos, en su baile al caminar, en sus sonrisas, que delicia. El mar del mendigo que se enamoró y vive con ella a la vuelta de mi casa ¿cómo será el mar para ellos?; el mar de los amores que desangran, el de los perdidos en un vagón del subte (metro como le llaman acá) que no encuentran la gracia de mirarse unos a los otros, este, un poco contaminado. El mar de dudas que a veces me persigue.
El mar de Madrid. Días que nace más fresco, otros más revoltoso. Días que muere en su cuerpo y mañanas que nace en sus brazos. El mar de Madrid, que bonito.
Perdón, ¿quién dijo que en Madrid no hay playa?

El Sol camina por Varsovia


Los adoquines bailan al compás de su calor, más allá de que esas tristes botas del recuerdo le lluevan pasos a cada instante. Si el sol camina por Varsovia es por los soles que nacen y mueren en nuestras bocas. ¿Cómo se explica entonces el nacimiento de las flores que decoran los rincones de la ciudad que invento? Flores que se mecen bajo ese sol que acompaña su tímida mirada.
El frío no es más que una excusa para soñar con él. Luces que iluminan una tristeza, que cuesta ver, pero que en el fondo descansa.
El sol de Varsovia se baña en el Vístula mientras un pato busca donde secarse a la sombra.
El sol de Varsovia está triste porque no le piden autógrafos por las calles, pero se alegra cuando se ve en la sonrisa de aquella muchacha que con sus labios dibuja la música del cielo.
He visto infinidad de soles caminando por las calles de Varsovia, incluso aquellas que derrotan mis noches.
Es cierto, si la lluvia un día azotó sus parques de antaño, si el viento desterró la pluma que inventaba los textos de la eternidad; o las balas, que tiñeron los cuerpos que bailaban una polca alegremente; es difícil verlo caminar, pero no imposible, yo los veo.
El sol está presente, va y viene en sus miradas, expulsa las carcajadas de las rimas que se animan. Es el vodka, preso en las botellas pero que pide su libertad en un vaso.
Es el verdugo, que agacha su cabeza al verlo pasar. Es la nieve que pide a gritos que la derritan. Es la lluvia, que le envía cartas a Santa Claus para que le traiga secadores de piso o mismo que el sol la silencie de una vez.
No amanecen al sol con bostezos, incítenlo a salir con las gafas de sol puestas. Dejen los miedos en el paraguas y busquen el color en los bañadores.
El sol camina por Varsovia, anímense a dar un paseo. Yo lo dí.