La poesía genera poesía.
La palabra, palabras.
Leo en la noche letras oscuras
que se vuelven claridad deslumbrada.
Canto de búho expandido en el vértigo del pensamiento.
Se abre entonces el misterio de la búsqueda:
cómo decir el deseo, la alegría o el cuerpo,
cómo fijar los dedos fugitivos de las olas,
los dientes furiosos de la pena,
el parpadear de un niño en su nacer.
Cómo nombrar exactamente la fragilidad de las ciudades
inmersas en el ruido y la locura entre almas cabizbajas.
De qué oración asirse para llegar a antiguos paraísos
adonde la memoria lleva, indeclinable.
Consumación. Descanso. Pasaje sólo de ida.
Por fin los ojos duermen sobre la hoja
en que el poema nuevo imprime su inocencia.
Nora Larrandart.
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