
Los adoquines bailan al compás de su calor, más allá de que esas tristes botas del recuerdo le lluevan pasos a cada instante. Si el sol camina por Varsovia es por los soles que nacen y mueren en nuestras bocas. ¿Cómo se explica entonces el nacimiento de las flores que decoran los rincones de la ciudad que invento? Flores que se mecen bajo ese sol que acompaña su tímida mirada.
El frío no es más que una excusa para soñar con él. Luces que iluminan una tristeza, que cuesta ver, pero que en el fondo descansa.
El sol de Varsovia se baña en el Vístula mientras un pato busca donde secarse a la sombra.
El sol de Varsovia está triste porque no le piden autógrafos por las calles, pero se alegra cuando se ve en la sonrisa de aquella muchacha que con sus labios dibuja la música del cielo.
He visto infinidad de soles caminando por las calles de Varsovia, incluso aquellas que derrotan mis noches.
Es cierto, si la lluvia un día azotó sus parques de antaño, si el viento desterró la pluma que inventaba los textos de la eternidad; o las balas, que tiñeron los cuerpos que bailaban una polca alegremente; es difícil verlo caminar, pero no imposible, yo los veo.
El sol está presente, va y viene en sus miradas, expulsa las carcajadas de las rimas que se animan. Es el vodka, preso en las botellas pero que pide su libertad en un vaso.
Es el verdugo, que agacha su cabeza al verlo pasar. Es la nieve que pide a gritos que la derritan. Es la lluvia, que le envía cartas a Santa Claus para que le traiga secadores de piso o mismo que el sol la silencie de una vez.
No amanecen al sol con bostezos, incítenlo a salir con las gafas de sol puestas. Dejen los miedos en el paraguas y busquen el color en los bañadores.
El sol camina por Varsovia, anímense a dar un paseo. Yo lo dí.
El frío no es más que una excusa para soñar con él. Luces que iluminan una tristeza, que cuesta ver, pero que en el fondo descansa.
El sol de Varsovia se baña en el Vístula mientras un pato busca donde secarse a la sombra.
El sol de Varsovia está triste porque no le piden autógrafos por las calles, pero se alegra cuando se ve en la sonrisa de aquella muchacha que con sus labios dibuja la música del cielo.
He visto infinidad de soles caminando por las calles de Varsovia, incluso aquellas que derrotan mis noches.
Es cierto, si la lluvia un día azotó sus parques de antaño, si el viento desterró la pluma que inventaba los textos de la eternidad; o las balas, que tiñeron los cuerpos que bailaban una polca alegremente; es difícil verlo caminar, pero no imposible, yo los veo.
El sol está presente, va y viene en sus miradas, expulsa las carcajadas de las rimas que se animan. Es el vodka, preso en las botellas pero que pide su libertad en un vaso.
Es el verdugo, que agacha su cabeza al verlo pasar. Es la nieve que pide a gritos que la derritan. Es la lluvia, que le envía cartas a Santa Claus para que le traiga secadores de piso o mismo que el sol la silencie de una vez.
No amanecen al sol con bostezos, incítenlo a salir con las gafas de sol puestas. Dejen los miedos en el paraguas y busquen el color en los bañadores.
El sol camina por Varsovia, anímense a dar un paseo. Yo lo dí.
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