
Se abre la puerta del vagón de los sueños
y se lleva esa sonrisa que cuesta una eterna condena.
Se lleva los ojos que desvisten mares de tristezas
Y tiñe el agua de mis cielos cansados de caminar el llanto.
Aquella sonrisa que negó los pasos en su boca,
pero cansada de aburrimiento saltó la sombra del vecino.
Sobre esos durmientes que quieren revelarse de grises vagones
pero que se alegran cuando algunos quijotes asaltan estaciones.
El vagón de los sueños nos da el sol que une mi música a su poesía en la mañana,
y nos llega en los labios que besan el fin semana,
cuando las agujas apuran los rieles
y las ruedas frenan el viento que acaricia.
Me alcanza juguetes para decorar sueños
y da motivos para seguir el viaje entre algodones.
Acaricia el dolor intenso
y abre mi caja más eterna.
El vagón de los sueños se lleva el sonido de la puerta que nunca suena
pero que apasiona que algún día le de un respiro al silencio.
Se muere el desencuentro al nacer otro encuentro
y nos escribe esa mirada que quizá ya no vuelva a hablar.
Desde ese banco que algún día me hizo sonreír de belleza y romper la monotonía de mis espacios,
hacia las escaleras que subieron para perderse hasta la próxima parada.
y se lleva esa sonrisa que cuesta una eterna condena.
Se lleva los ojos que desvisten mares de tristezas
Y tiñe el agua de mis cielos cansados de caminar el llanto.
Aquella sonrisa que negó los pasos en su boca,
pero cansada de aburrimiento saltó la sombra del vecino.
Sobre esos durmientes que quieren revelarse de grises vagones
pero que se alegran cuando algunos quijotes asaltan estaciones.
El vagón de los sueños nos da el sol que une mi música a su poesía en la mañana,
y nos llega en los labios que besan el fin semana,
cuando las agujas apuran los rieles
y las ruedas frenan el viento que acaricia.
Me alcanza juguetes para decorar sueños
y da motivos para seguir el viaje entre algodones.
Acaricia el dolor intenso
y abre mi caja más eterna.
El vagón de los sueños se lleva el sonido de la puerta que nunca suena
pero que apasiona que algún día le de un respiro al silencio.
Se muere el desencuentro al nacer otro encuentro
y nos escribe esa mirada que quizá ya no vuelva a hablar.
Desde ese banco que algún día me hizo sonreír de belleza y romper la monotonía de mis espacios,
hacia las escaleras que subieron para perderse hasta la próxima parada.
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